La pirata con trenzas rojas

January 6, 2014

Le dio a ‘publicar’ como si fuera una pirata con trenzas rojas cruzando el Cabo de Hornos. Como no podía echarse a la mar –no tenía dinero para un barco y además estaba segura de que en mar abierto no había Wi-Fi–, que era lo que ella hubiera querido, se conformaba con hacer cosas corsarias desde su habitación y sus alrededores. Empezó como todos, con el eMule. Luego se pasó al Ares, hasta que dejó de funcionar. Entonces se compró un loro de peluche e hizo de Megaupload su segundo hogar.

 

Los fines de semana bebía ron, aunque suponía que ni siquiera el pirata más desesperado toleraría el sabor de la Negrita que tomaba cada viernes. Por muy pirata que fuera, y seguro que lo era, echaría mano a la pistola de una sola bala antes que probar un solo trago más. Pero claro, se decía, si no tengo dinero para un barco aún menos para un Brugal. Llegado el momento su cuerpo se rebeló –o reveló, no estaba segura de que no fuera la manifestación física de los años que empezaba a cumplir– y empezó a advertírselo por medio de resacas tan horrorosas que tuvo que invertir todo lo ahorrado para la nueva Perla Negra en beber ron de verdad cuando salía. Eso implicaba necesariamente dejar de pedir copas en las discotecas. Cabrones piratas: te cobraban cada consumición como si fuera sangre de unicornio para servirte un licor tan infecto que ni el mismísimo Sauron se lo hubiera ofrecido a Frodo cuando estaba destruyendo su anillo.

 

Ella se sentía muy pirata sobre todo desde que vio Piratas del Caribe, porque en el fondo era un poco chica mass-media. Pero ya es hora, pensaba, de hacer algo todavía más valiente. Tenía varias opciones: abordar el Galicia y robar los víveres de las gloriosas tropas españolas, interceptar barcazas a pedales de turistas desteñidos en las playas de Sitges, cortarse una mano y sacarse un ojo para tener por fin garfio y parche, amaestrar un mono para que robara manzanas, aprender a eructar o hacer lo que de verdad le apetecía. Y lo que de verdad le apetecía era mandar un mensaje, como esos que van dentro de una botella, a través del espacio y del tiempo para que lo lean personas lejanas y desconocidas; personas que queden fascinadas por su historia y le escriban cantos y leyendas que perduren en el tiempo a través de las generaciones. Sería admirada, venerada y loada, cantada y anhelada, buscada y deseada. Quería hacerlo esa misma semana, así, a lo loco. Era julio y tendría que vérselas con las hordas estivales de turistas, pero lo echaría a las aguas de la Barceloneta para que flotara en el mar hasta llegar a su destino.

 

Claro, pensó frenando en seco, que si lo tiro a las aguas de la Barceloneta se fundirá con las toneladas de mierda que se recogen cada día de esta playa urbana de mis amores. Y además, qué coño: lo del mensaje en la botella no le acababa de convencer. Veía muchos inconvenientes, pero fundamentalmente que, como lejos, lo mismo llegaba a Menorca, y claro, pues tampoco es que allí le fueran a escribir cantares y trovas.

 

Ya lo tenía. Mucho mejor que eso: abriría un blog de incógnito, sin decírselo a nadie y colgaría allí su mensaje. Quedaría flotando en la eternidad del ciberespacio, accesible desde cualquier lugar pero escondido de búsquedas obscenas y algoritmos indiscretos. Sólo alguien alguna vez, por error o por casualidad, llegaría hasta él cuando tecleara mal una dirección. Y entonces –su mente estaba en ebullición– leería su historia. Ya subida en el carrusel del éxtasis creativo decidió que lo que dejaría sería un mensaje de socorro de un turista temporal, alguien atrapado en un pasado remoto y hostil que desea desesperadamente volver a su presente.

 

Se puso manos a la obra.

 

Elaboró una historia tan alucinante que le dio hasta pena lanzarlo sin más a la inmensidad de la world wide web. ¿Lo leería alguien alguna vez? Porque joder, merecía la pena. Pero esto era lo que era y ya no valía echarse atrás. Publicó, cerró la ventana del explorador y dejó que zarpara sin rumbo, justo como ella quería que ocurriera.

 

Desde entonces espera que te lo encuentres. Será por casualidad o por error, no porque lo busques. Pero ella de verdad espera que lo hagas, y ya sabes, las mujeres pueden llegar a ser muy insistentes cuando se lo proponen.

 

Si te lo encontraras, cuéntaselo. Bueno, si quieres me lo cuentas a mí y yo ya me encargo. Existe, de verdad: sólo hay que teclear mal una dirección para encontrarlo. Y la historia que puedes leer es una pasada. Suerte, pirata.

Please reload

August 28, 2017

December 20, 2016

November 2, 2016

October 3, 2016

March 31, 2015

March 1, 2015

February 20, 2015

February 26, 2014

February 1, 2014

January 5, 2014

January 1, 2014

December 25, 2013

December 23, 2013

December 22, 2013

December 14, 2013

Please reload

Please reload

  • Wix Twitter page
  • LinkedIn App Icon
  • Instagram App Icon
  • Pinterest App Icon
  • Wix Google+ page

Background: Photo by Javier García Toni. © 2019

© 2019 Javier García Toni. Todos los derechos reservados