Las épocas heroicas

December 20, 2016

Aprendió de Thoreau que la mañana nos trae otra vez las épocas heroicas. Se lo repetía cada vez que retrasaba el despertador otros cinco minutos, prologando la agonía por tercera o cuarta vez. Se imaginaba en la cabaña del lago, disfrutando del aroma del amanecer y alejada del contacto humano. Nunca le gustó madrugar por obligación, pero siempre disfrutó de las mañanas voluntarias. Las prisas y el paseo de la vergüenza entre la cama y el baño serían dos de los jinetes del apocalipsis de las mañanas de invierno, pero podría hacer un pacto de sangre con la brisa fresca de la primera hora en los lunes de agosto. Sería la luz, la inclinación del sol o los olores frescos de los que se duchan antes de salir de casa. Serían las ojeras o los bostezos, pero creía de verdad que en ese rato, en ese momento de existencia primitiva, somos más sinceros, más humanos y más auténticos.

 

Su sinceridad estaba fuera de toda duda. Tanto que ni se maquilló el grano que le acaba de salir en la punta de la nariz –siempre tan oportuno– ni tampoco las grietas en los labios cortados por el frío. Salió de casa enfundada en una media camisa blanca, con carmín en el bolso y un libro para el trayecto en la línea Yamanote. Fue risueña a tomar un café y se sorprendió de lo tranquila que recibía Tokio las épocas heroicas que trajo esa mañana.

 

Hacía pocos meses estuvo a punto de abandonar. Se cansó de buscar enemigos y ganar batallas perdiendo guerras. Fue justo antes del suceso. Nadie parecía darse cuenta de que estaba volviendo a nacer a 10.400 kilómetros del barrio de Gràcia, su casa. Allí, en Barcelona, estaba su otra mitad. Pensaba en su otra mitad como quien piensa en los faros lejanos que iluminan la niebla, tan difusos que solo se adivinan por el resplandor en la noche. Supuso que su otra mitad estaría a punto de acostarse teniendo en cuenta la diferencia horaria. O quizá no, quizá esa noche se fuera de las manos y terminara escuchando jazz en los clubes de luces de neón y sofás de escay. Lo bueno de estar dividida en dos es que tienes el doble de cosas que contar, pensaba mientras saboreaba los primeros tragos del café de la mañana. Y lo mejor de tener una mitad en cada punta del mundo es que mientras una duerme la otra despierta, mientras la otra deja morir el día la una vive las épocas heroicas.

 

Barcelona era muy diferente a Tokio. Añoraba el Mediterráneo, las calles del Barrio Gótico y la ladera del Tibidabo. Siguió con el café esperando al torrente arrollador que formarían en algún momento las épocas heroicas en la pequeña calle de Aoyama, en el centro de Tokio, en la que estaba. Si nadie se daba cuenta de lo que iba a pasar, pensaba mientras consultaba el tiempo en el móvil, tendría que ir a Shibuya. Allí sería diferente, aunque sospechaba que el calor derretiría a cualquier época que asomara la cabeza. Cayó en la cuenta de que, por lo menos, tanto Barcelona como Tokio estaban al este. Las ciudades que amanecen, las que miran a naciente, tienen ese halo de plenitud y confianza que solo confieren los rayos de sol despuntando por encima del horizonte en la primera de las horas. Los amaneceres eran el único nexo de unión entre sus dos mitades, separadas para siempre por una estepa siberiana inclemente.

 

Se separó en dos con la puerta de un autobús. Había quedado cerca de la Plaça Universitat y no estaba  segura de dónde bajarse. Tuvo un momento de duda que resultó fatal. Mientras decidía si bajarse o no se cerraron las puertas con ella en el medio. Quedó partida en dos mitades iguales y perfectas, cada una con un brazo, una pierna, una mano, un ojo, una fosa nasal o un conjunto de muelas.  Se quedó mirando desde fuera a su otra mitad, la que se quedó dentro del autobús, que le devolvía la mirada atónita. Fue la última vez que la vio.

 

Al principio le costó un poco andar, pero se acostumbró rápido a andar a saltitos. Decidió no buscar el punto donde había quedado porque al final resultó que era la siguiente parada, así que supuso que ya iría su otra mitad. Se fue a casa en bici con alguna dificultad para mantener el equilibrio, pero resultó más sencillo de lo esperado. Al llegar se miró al espejo. Si se ponía de perfil tampoco era para tanto, pero de frente quedaba un poco raro. Tampoco es que nadie hubiera mirado con mala cara, de hecho nadie pareció reparar en ella, pero no se veía del todo cómoda dando explicaciones cada vez que viera a alguno de los suyos. Buscó en internet sitios donde la gente rara pudiera pasar desapercibida porque, con lo cabezota que era, dio por hecho que su otra mitad se quedaría en Barcelona y le usurparía a su familia, pareja y amigos. Menuda era.

 

Perdió esa batalla sin ni siquiera dar la cara. La media cara, en este caso. Ya se encargaría su otra mitad de todo, ella iba a poner medio mundo de por medio para esa media persona en la que se había convertido. Descubrió que había un sitio en Tokio que se llamaba Harajuku donde se reunían a diario montones de personas disfrazadas. Allí estaría bien, pensó.

 

De eso hacía solo un mes. Tokio recibía con los brazos abiertos. Incluso en ese agosto ardiente, parte de un verano tórrido al más puro estilo japonés, se sentía más en casa de lo que nunca se había sentido. Terminó el café y miró por la ventana. Ya estaban llegando las épocas heroicas de la mañana.

 

El río de color bajó desde el norte. Iluminó cada uno de los edificios y tiñó de verde, rosa y amarillo las camisas blancas de los oficinistas con prisa. Salió corriendo de la cafetería y recitó su pasaje favorito de Thoreau, en voz alta y en inglés, mientras el color penetraba en cada uno de sus órganos y hasta en las extremidades que ya no tenía: ‘I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived’.

Please reload

August 28, 2017

December 20, 2016

November 2, 2016

October 3, 2016

March 31, 2015

March 1, 2015

February 20, 2015

February 26, 2014

February 1, 2014

January 5, 2014

January 1, 2014

December 25, 2013

December 23, 2013

December 22, 2013

December 14, 2013

Please reload

Please reload

  • Wix Twitter page
  • LinkedIn App Icon
  • Instagram App Icon
  • Pinterest App Icon
  • Wix Google+ page

Background: Photo by Javier García Toni. © 2020

© 2020 Javier García Toni. Todos los derechos reservados